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Mister Lolas nos ha dejado. Aunque quizás debería empezar
diciendo que ya no es Mister Lolas, así que voy a llamarle por su nombre, que
se lo merece. Óscar. Me da pena. Primero porque me caía bien, aunque apenas
hablaba con él. Segundo porque con todo lo que sé de y por su mujer, me daba un
poco de lástima, la lástima me llevaba a la compasión y la compasión a la
empatía. Tercero, por egoísmo, porque sin él, ¿a quién se va a agarrar Sandra? Pues
a mí. Tendré que empezar a traer tacones de nuevo para pisotearle de vez en
cuando los dedos gordos de los pies.
Ayer, antes de quitarse el abrigo, ya me atacó con la
noticia que ella conocía desde hacía días. Desde el momento en que lo supo, no
paró de insistirle al pobre chaval para que me lo dijera y así poder cotillear
conmigo. Y él nada. Según lo que me dijo, la pone enferma, no lo soporta, odia
tener que arrancarle las palabras. Todas sabemos que es mentira, pero si ella
se lo cree, adelante, cada uno busca su propia felicidad como puede.
El secreto la estaba consumiendo y cuando las primeras
palabras comenzaron a salir, pensé que se me venía encima una tromba. Y primera
lección. No contarle nunca algo que no
quiera que se sepa. Hace mucho tiempo que no confío en ella, pero que
viniera con el chisme, me lo confirmó. No fue capaz de respetar su decisión de
contármelo en persona, aunque fuera el último día. Al fin y al cabo no tenía que
darme explicaciones, solo ser educado y despedirse… como hizo.
Óscar regresa a su país, Venezuela. Nunca se encontró cómodo
aquí. Sin nacionalidad, sin saber inglés, negro y con una crisis en España de
tres pares de narices, encontrar un trabajo es una aventura y supongo que las
aventuras cansan. Y si no tienes pasta para sufragarlas, más. Solo, sin
encontrar su sitio, con un nivel de vida inferior al que llevaba allí, si tuviera
una buena relación de pareja sería más fácil. El amor es un gran bálsamo, te
inyecta optimismo para sobrellevar las dificultades. Pero su matrimonio estaba
roto prácticamente desde que conocí a su mujer va a hacer cuatro años. Supongo que
este tiempo ha sido una mierda para él, aunque vaya al supermercado y encuentre
todo lo que necesita.
Al fin se han divorciado. Me alegro. Era una relación que
los hacía infelices a los dos. No sé si fue el empujoncito que necesitaba para
marcharse o viceversa. Cuando la Lolas estaba aquí me decía que ella no volvía
ni loca a Venezuela y eso abría uno de los abismos que los separaban. Pero para
ella es un poco más fácil, tiene la nacionalidad española, encontró un curro
después de la beca aquí y tenía a su amorcito de polvos que la hacía ver el
mundo de color rosa. No sé cómo le irá ahora que el superamante ha tenido un
bebé con su mujer, quizás ya hay otra persona en su vida. Espero que sí. Me
causaba muchísima tristeza escucharla hablar de su infelicidad, de que ya no
soportaba dormir con su marido, de que lo único que deseaba era encontrar un
hombre al que quisiera y deseara, con el que “tirar”* recién despertada, irse
feliz a trabajar pero con ganas de volver a casa para encontrarse de nuevo con
él.
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Esta pareja me ha recordado una vez más lo solos que estamos, aun teniendo a alguien a nuestro lado. Espero
que les vaya bien. Ella casi me lleva a la locura, por eso abrí mi cuenta de twitter y este blog. Ahora no sé si tienen sentido. No digo que vaya a
haber tranquilidad, aquí siempre pasa alguna cosa, pero sí que es un momento de
esos en los que te planteas dejarlo (al menos temporalmente) o continuar.
Supongo que pronto entrará alguien nuevo. Ojalá sea alguien
normal… o no.
* Lo pongo entre comillas porque es la expresión literal que
ella utilizaba.
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