viernes, 16 de septiembre de 2016

Reflexiones: el machismo que no se ve

Hace unas semanas leí en algún sitio en la red que al parecer se montó un revuelo tremendo porque el hijo de Charlize Theron se disfrazó con una peluca de Elsa, la princesa de Frozen. Podría decir que me da igual de qué se vista ese niño, en cierto modo es así, pero por otro lado me hago la pregunta ¿por qué no puede vestirse de Elsa? ¿Tan aberrante es que un niño se disfrace de niña cuando es absolutamente normal que una niña se disfrace de niño? Yo me disfracé de princesa un año, pero también de payaso, y de chino, y de gran inquisidor. En este último no me hace falta remarcar el masculino en negrita porque nunca hubo una gran inquisidora.
Niños. Niño tocando el acordeón. Niña posando de rodillas
Untitled, de Giuseppe Milo

Hace poco más de una semana quedé con una amiga escritora. Las dos estamos peleando por terminar un guion de largo. Le pasé una de las obras que estoy escribiendo y me señaló un par de diálogos que le parecían sexistas. Mientras los escribía me daba cuenta de que lo eran, pero cuando escribo la primera versión no pongo filtros de ningún tipo. Tampoco sería extraño que ese carácter sexista pasara inadvertido. Es algo escondido en un nivel mucho más profundo de mi yo consciente, algo que mamamos desde que somos pequeños, que nos rodea. Aunque cuando se forma nuestra personalidad adulta podemos rebelarnos contra la herencia social, sale en ocasiones como esa, y sale porque está ahí aunque no lo veamos.

viernes, 29 de julio de 2016

A vueltas con el destino

Yamam y yo empezamos a trabajar aquí el mismo día, los dos en el mismo edificio, yo en el primer piso, él en el segundo. Cuando me crucé con él la primera vez le dije hola y él me contestó hello y esa descoordinación idiomática, marcaría nuestra no-relación el tiempo que estuvo en España. Durante nuestros primeros cinco meses, cuando nos encontrábamos fugazmente en la fotocopiadora o las escaleras, lo único que salía de nuestras bocas era mi hola y su hello. Entonces, por sorpresa, en una fiesta que organizaron como babyshower para mi jefa, se acercó a mí con una sonrisa encantadora, luchando contra su timidez, y ¡quién lo iba a decir!, empezó a flirtear conmigo. En ese momento no sabía dónde meterme. Tener que hablar en inglés con un hombre encantador era demasiado para mí, eso sin saber que su intención era ligar. Ya he comentado en otra ocasión que como no suenen sirenas, no me entero de las proposiciones (in)decentes. No sé si fue su sonrisa, su timidez o que al día siguiente una amiga me expuso con claridad la realidad del asunto, pero empecé a sentir algo por él.

I once had a thousand desires. But in my one desire to know YOU all else melted away
Aquella época no fue la mejor para mí en lo personal. Tenía una especie de acosador que me amargó la vida durante tres años, hasta que dejé el grupo que ambos frecuentábamos. Mi autoestima estaba minada, mi confianza en los demás más minada todavía. No quería ni podía estar con nadie porque era imposible para mí creer que alguien que estuviera conmigo me fuera a tratar bien. Así que, aunque Yamam hizo sus intentos, nunca consiguió la respuesta que deseaba. A mis problemas hay que añadir que el pobre seguía comunicándose en inglés, yo me bloqueaba, me tiraba infusiones ardientes por encima de lo nerviosa que me ponía y decía tonterías incompresibles que le hacían retirarse con el rabo entre las piernas. Como veis, la metedura de pata con el italiano buenorro no fue la primera cagada.

viernes, 22 de julio de 2016

Una jaqueca y un moratón

Reloj de agujas, ocho treinta y dos
EightThirtyTwo, de Corey Ramsey
La estación está prácticamente vacía cuando llego. Adelanto a dos mujeres en las escaleras, madre e hija. Cuando suben al andén se pegan a mí y no me gusta. Todo un andén para ellas excepto el metro cuadrado que ocupo yo y se colocan a mi lado. Creo que tenemos un problema, quizás falta de abrazos o quizás se cumple, no solo en desconocidos, la teoría de los veintitrés segundos de la que Claudia Piñeiro habla en Una suerte pequeña. Entre estas dos el silencio crea una barrera de tensión que puedo palpar sin conocerlas. Poco a poco esa tensión me toca, me incomoda incluso cuando empiezan a hablar de tonterías después de veintitrés segundos. Me aparto. ¡Ay! El canto del banco metálico me levanta la piel de la rodilla.

viernes, 15 de julio de 2016

El hombre murciélago

Dos hombres sentados en un banco
Are you sitting comfortably?, de Mister G.C.
Entra en el vagón, larguirucho, delgado, con calva estancada, estancado también su aspecto de cincuentón desde hace ocho años. Mira a izquierda y derecha, escudriña buscando el sitio perfecto, duda, avanza y retrocede sobre sus pasos. Hoy localiza ese sitio a mi lado. Se abalanza sobre él.  No voy a negar que me incomoda. Se ve que es raro por su lenguaje corporal: postura encogida, casi encorvada, andar rápido y tenso, ropa de otra época de colores apagados, colores de película vieja, y en los pies siempre zapatillas de deporte de las que hacen el pie más grande, invariablemente de color negro. Es una de esas personas que despiertan lástima, pero es raro y eso me trae recuerdos que quiero olvidar. No lo miro, así que no sabe qué pienso de él. 

lunes, 4 de julio de 2016

Juego de celos

Bitches love tricks. Ilustración de Cersei Lannister con fuego valirio en la mano y Melisandre (la mujer roja) con el demonio que parió
They love tricks~ Cersei & Melisandre, de Giovana Milanezi
Ha terminado la sexta temporada de Juego de tronos y siento que me he quedado huérfana. Espero retomar pronto Mr. Robot, pero después de una semana desde el final todavía… cómo decirlo para no dar pistas, todavía estoy saboreando el picante explosivo del cóctel servido por Cersei. La serie ha sido el centro de la mayoría de las conversaciones en los ratos de descanso con Esther y Grace. Durante diez semanas hemos reído, sufrido, teorizado, vapuleado o admirado teorías ajenas y hemos deseado ser tan buenas anfitrionas como Cersei en este capítulo, aunque sea nada más en sueños. Casi nadie más de mi entorno ve la serie. Nunca he sido de las que braseo a los profanos en un tema, así que en el neozulo no hablo nunca de esto con Sandra. Sin embargo, Ana también la sigue. Es muy sencillo atar cabos y darse cuenta de que Sandra, una vez más, está atacada por los celos.

Escribí sobre los celos de Sandra en uno de mis primeros posts. En aquel momento estaba loquita por Mr. Lolas y me veía como una amenaza. Incoherencias propias del ser humano las que la hacían sentirse amenazada por mi presencia entre ella y “su” hombre, al mismo tiempo que me despreciaba por no tener tipo de top model y me consideraba indigna de tener pareja por sufrir sobrepeso (a mí y a todos los gordos, no penséis que era nada personal). Una vez más pequé de inocente y pensé que sin un machote en la sala no habría problema. No recordé que los celosos no solo tienen ese sentimiento horrible por el objeto de sus desvelos, también lo tienen por sus padres, sus hijos, sus amigos o, simplemente, porque no son el centro de atención de una situación cualquiera.

lunes, 27 de junio de 2016

Viernes de resaca

Primera hora del viernes. No es dolor exactamente lo que siento en la cabeza, es algo parecido a una presión. No llega al nivel de una resaca, es como la sensación que me produce una noche de insomnio, pero sé que es el exceso de alcohol el que la causa. Tampoco imaginéis que bebí tantísimo (no pongo cantidad porque más de uno se reiría de mí, echadle imaginación).

Alcohol + fuego = combustión

Copa ardiendo
A glass of fire, de Hugo Martins
Da igual que solo sean una gota y una chispa las que se unan.

viernes, 17 de junio de 2016

Volvemos a ser tres

Tres velas rojas, una vela gris
Three prayers bruning, de Wayne S. Grazio
La última semana ha estado plagada de acontecimientos. El principal es que tenemos compañera nueva en el neozulo. Me enteré el viernes pasado pero no sabía fijo si la iban a poner aquí o abajo con Grace. Como soy tonta avisé a Sandra para que se fuera mentalizando de que podríamos tener compañía. Si hubiera sabido lo que pasó después, no le habría dicho ni mu.

Cuando llegué el lunes no había rastro de Celia, la nueva. Simplemente pensé que habría retrasado su incorporación. No tardé en enterarme de que ya había empezado. Fui a buscar unos documentos al despacho de Grace y me confirmó que estaría con nosotras, solo que no tenía ordenador y estaba trabajando con sus jefas. Mientras estábamos cuchicheando apareció Celia y  me la presentó. Parece maja, pero tendré que esperar a que pasen unos meses de convivencia y coja confianza para saber si es buena compañera (y buena compañía) o no.

Nada más salir por la puerta hizo aparición mi jefa. Peleó mucho para que no pusieran a nadie más aquí, me lo dijo como disculpándose. Lo que no sabe es que yo estoy encantada, a ver si de una vez Sandra se corta un poco y deja de montar espectáculos. De paso que nos encontrábamos aprovechó para contarme que había un problema con la base de datos con la que estamos trabajando. Mi mente se ofuscó. Subí corriendo y me puse a repasar como una loca a ver si en mi parte también había fallos. Esto es lo que pasa cuando alguien no tiene seguridad en sí misma: cuando alguien se equivoca piensa que también lo ha hecho mal. Terrible pero cierto.

martes, 7 de junio de 2016

Sesión corta

Tengo hora y media para comer. Hasta hace poco más de un año tenía dos horas. A veces siento que no me llega para nada, así que apenas planeo actividades. El paseo sigue siendo obligado, ¿qué hago con la media hora restante? Mi actividad preferida, que además puedo simultanear con la comida, es ver pelis y series. Aquí he visto Madmen, Making a murderer, American crime story, la primera temporada de True detective, Mr. Robot (ésta aún está a medias, no me engancha del todo). He visto capítulos sueltos de muchas otras: Falling skies, Broadchurch, Homeland, Downton Abbey, el único capítulo que vi de La cúpula… Faltan, son muchos años. Y tengo asignaturas pendientes. De las pelis mejor ni hablo porque he visto demasiadas como para recordarlas todas.

Hoy me dio el punto por los cortos y se me ha pasado el tiempo viendo uno tras otro de manera compulsiva. La mesa me llevó a la parada del bus, y el bus, de larga distancia, me llevó lejísimos, tanto que casi acabé con una sesión breve de porno. Me contuve porque estoy en la ofi. Vi intentos de violaciones, viajes en tren muy muy extraños e inquietantes, robos de almas, tratamientos en clínicas de adelgazamiento... Al post traigo una selección de tres, la sesión completa aquí.

La mesa 7

Una pareja con problemas discute sin imaginar que los están escuchando muy muy atentamente. ¿Irá de espías? ¿De mafias? Tendrás que ver el final.


Love recipe

Al final le falta algo, pero es tan tierno. Y a mí siempre me gustan las historias de gordas exitosas.


Bus stop

Una chica coge el bus todos los días a la misma hora y, de pronto, se encuentra con que alguien le ha arrebatado el sitio donde lee: un miserable vagabundo (muy buenorro, por cierto). Este me ha llegado especialmente [a partir de aquí algo de SPOILER], primero porque sé que en el transporte público a veces te encuentras regalos inesperados, segundo, porque soy la reina de las oportunidades perdidas.

viernes, 3 de junio de 2016

Diario de un "Ascenso" (6): vuelta a las andadas

Jueves 2 de junio de 2016

11:30h

Suena el teléfono. Está en una esquina de la mesa, la pantalla tapada por la cpu en vertical, así que cojo ignorando quién llama. Un diga sale despreocupadamente de mi boca. Error. Es ella. Abrí la puerta el otro día y no ha dudado en cruzarla, lo que me extraña es que haya tardado tanto. No he sido sincera. No he mentido pero sí he ocultado información. Cuando mellamó el otro día, me dio tantísima pena que me ofrecí a traerle jabón casero. ¡MEC! Sí, lo sé, fue un error que ya estoy pagando. Cuando se lo llevé (sí, encima se lo llevé, alimentando aún más su fantasía de pulgas en la moqueta) tenía para mí una trampa para hormigas, para combatir a las que entran cada año en mi casa. No, no. No es que yo no sepa comprar exterminadores de hormigas, es que su trampa es muchíiiiiisimo mejor que cualquier otra que pueda comprar. Salí de allí con una mezcla entre cabreo y pena que me gustaría no sentir más, sobre todo lo relativo a la pena.

Vuelvo a la realidad tras los recuerdos. Me cuenta que hay una conjura contra ella en la empresa. Es la única secretaria a la que no le cancelan las guardias. Es cierto, en parte, pero es lo que pasa si te metes con la persona que organiza los turnos. No solo me llevó a mí al borde de la locura y, cuando vences a personas que son superiores a ti en la empresa pero no mueren, puedes tener por seguro que habrá consecuencias. La clave de esto es que ellas (la jefa de las guardias y su secretaria) la están martirizando, pero cuando la Rotten las machacó era por una buena causa porque ella es perfecta y no comete pecados.

Voy a desconectar un rato.

lunes, 23 de mayo de 2016

Necesidad de hablar

Shup up
Yes please, de Allert Aalders
Hay clase en el aula del edificio. He mencionado varias veces esta aula pero nunca la he descrito. Es un anexo prefabricado que siempre he imaginado que fue añadido por mi empresa. No pega ni con cola con el edificio, pero los dos son bonitos. El aula tiene paredes exteriores transparentes y el edificio es un chalet típico de Madrid con una parravirgen que en verano cubre de hojas gran parte de la fachada. El aula puede dividirse en dos gracias a un panel movible, tiene acceso directo desde el exterior y también una puerta interior que la comunica con el edificio. El movimiento se produce la mayoría de las veces por las actividades que se organizan en el aula y/o en el patio y no por los que trabajamos aquí. Hoy es la excepción, ni se les ve ni se les oye. No sabemos exactamente de qué es la clase, pero mis compañeras me han dicho que los asistentes no pueden hablar. Imaginamos que es algo relacionado con la meditación. Los van a poner a prueba llevándolos a comer a un restaurante. Repito que no pueden hablar. No, tampoco en el restaurante. Silencio durante ocho horas en las que se acumularán cientos de emails en su bandeja de entrada. Los contestarán mañana mientras estén con sus hijos en el zoo.