jueves, 22 de diciembre de 2016

Diario de Sandra (3): comida de Navidad

Lunes 12 de diciembre de 2016

15:52h

Salimos de la comida de Navidad. Sandra ha estado callada prácticamente todo el tiempo, incluso antes del gran anuncio en los postres. Nunca la había visto fuera del zulo, con otra gente que no fueran Ana y la Rotten. Parecía metida en su cascarón. No es que yo hablara mucho, no tenía nada que decir en la mayoría de conversaciones que sobrevolaban la mesa, pero ella no solo estaba callada sino que podía ver cómo se encogía a mi lado.

La calle. Nuestras compañeras hablando. Ella y yo en silencio, incómodas. Incómodas porque sé que ella está a punto de manchar las bragas del susto. Se lo noté sin verle la cara. Quiere ocultar la verdad, fingir que todo va bien, pero a mí hay poco que pueda ocultarme. Su actitud forzada para tapar lo que realmente le pasa por dentro me ha enseñado a leerla como un libro abierto. Si se comportara de manera sincera, probablemente no sabría qué pasa por su cabeza, habría un pequeño espacio para la improvisación y los imprevistos. Tendremos un comienzo de año movido. Sí, bueno, por decir algo. Silencio otra vez.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Diario de Jekyll (2): comida de Navidad

Miércoles 7 de diciembre de 2016

12:20h

Luces de árbol de navidad
Office CHRISTmas Tree, de Daniel Go
Me llama mi jefa. Ha pensado que el lunes que viene podríamos comer, con Sandra y Patricia. Es decir, las cuatro del departamento, sin contar al super jefe y a Violeta. Qué raro. En nueve años nunca hemos tenido comida, ni cena de Navidad. Cada edificio o departamento (depende de dónde estemos ubicados) celebra su fiesta particular y siempre a cargo de los empleados. En mi primera Navidad mi jefa organizó unos pinchos para los del edificio, como hacía siempre. En la segunda, ella no pudo y nos encargamos Inés miradas indiscretas y yo. En la tercera pensamos que deberían tomarnos el relevo. Nadie lo hizo. Así que es algo de lo que me he librado todo este tiempo, porque esa tercera Navidad coincidió con la llegada de gente nueva y el enrarecimiento del ambiente.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Bronca de otoño

Hoy me han echado una bronca del copón. Hacía como cuatro o cinco años que no pasaba y lo más gracioso de todo es que no me la ha echado ninguno de mis jefes sino la directora del registro. Gracias a esta incidencia he descubierto que esta es otra de esas con una personalidad diminuta y que se ha cebado conmigo porque puede. Sin ser mi jefa directa, tiene una posición superior a la mía. No sé si ha dormido mal, si su marido le ha negado un polvo, si sospecha que su mujer la engaña o acaba de descubrir que su hijo fuma porros. El caso es que la excusa para ponerse como un basilisco era muy pequeña. Ni siquiera ha debido molestarse por algo que es su trabajo, pero como en muchas otras empresas, en la mía la ley que lo rige casi todo es la Ley del Escaqueo.

viernes, 18 de noviembre de 2016

No soy Jane Doe, mi nombre es Dorotea Hyde.


Cuando llegué a esta empresa me llamó la atención que no todos los despachos estaban identificados. Los que no tenían el nombre de su ocupante junto a la puerta eran en muchas ocasiones un gran misterio. Puertas cerradas que, según mi volátil imaginación, ocultaban negocios ilícitos, espionajes industriales, personajes inventados, polvos furtivos… La realidad es que esas personas eran “nadie”.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Un mal día

Esta noche me cogió el frío y me levanté con dolor de espalda, justo en el punto que se contracturó hace un año en el accidente de bici. Me costó levantarme, pero después de hacer unos estiramientos, pude moverme. El dolor está siendo un compañero inseparable, al menos hasta que por la noche pueda tomarme una pastillita.

Violonchello en un poste
Wie Musik Grenzen überwindet,
La salida de la estación fue una odisea. En el andén, siempre voy contra la marea de gente. Nadie se aparta. Yo tampoco, a ver si me voy a caer a la vía porque vengan cinco personas contra mí. Hoy menos. Cualquier mínimo movimiento de desplazamiento era imposible. Aun así, subí a pie el primer tramo de escaleras. No, esta vez no era por mantener la línea. Bueno, qué porras, un poco sí que era por eso, pero cuando llegué al segundo, me sentía tan incómoda, que sucumbí y me monté en las mecánicas. Por mis entradas anteriores, no sé si queda lo suficientemente claro que soy normal, por si acaso, aclararé que no tengo ojos en la parte trasera de mi cabeza. Como los demás, tengo únicamente los dos de la cara. A veces giro un poco el cuello para mirar de reojo si puedo “cambiar de carril”, pero es absolutamente imposible que pueda ver lo que viene detrás de mí. Esta aclaración va por la chica del chelo que subió en esas escaleras mecánicas por el hueco de la izquierda, a pie, apurada.

viernes, 28 de octubre de 2016

Los hombres de La Otra

Cuando Sandra llegó al zulo aún estaba la Lolas. Por aquella época yo les contaba a mis amigos las aventuras de aquella peculiar mujer, pero como Sandra empezó también a hacer de las suyas, enseguida sus anécdotas acompañaron a las de la Lolas. Mis amigos preguntaban ¿Eso también lo hizo la Lolas? No, La Otra. Y La Otra le quedó, excepto en el blog, donde es Sandra.

Perfil de las sombras de pareja de la mano.
Silhouettes, de Nikos Koutoulas
Han pasado unos cuatro años y de pronto, sin avisar, aquella época volvió a nosotras. Muy alterada, qué fuerte, qué fuerte, y su mano moviéndose como si quisiera darme mil tortas, me anunció que Mr. Lolas acababa de enviarle un wasap. “¡Se ha casado y vuelve a España!”. Cómo le brillaron los ojos en aquel momento. Puede que su candidato a amante esté casado otra vez, pero ella se ilusionó con su regreso como si le dijera que venía a verla. Lástima que se vaya a Alicante. “Pasará por Madrid de camino, ¿no?”. Lo que yo decía, ilusionada.

viernes, 14 de octubre de 2016

La boda de Violeta

Foto antigua de boda
ca_20150210_008, de Costică Acsinte Archive
Violeta se ha casado. Estaba tan desesperada que se presentaba diciendo hola, soy Violeta y quiero casarme y tener hijos porque se me va a pasar el arroz, como si estuviera en una sesión de alcohólicos anónimos. Le da igual ser buena en algo, esa era su única meta en la vida. Cosas educacionales. Después de mucho insistirle a su novio, con el que está desde hace once años y convive desde hace unos cinco, el muchachín se arrodilló, sacó un anillo y, entre lágrimas (de ella), le pidió que fuera su esposa. El sábado pasado cumplió parte de su sueño. Celebraron la boda civil, únicamente “para la familia”, luego los invitaron a un banquete con tarta nupcial. Ella con vestido blanco, sencillo pero con cola. Será el verano que viene cuando celebren la boda religiosa en el país de Violeta y se ponga “vestido de princesa”, organice una boda de cuento de hadas con miles de flores y un fotógrafo de verdad.

viernes, 7 de octubre de 2016

¿Pasos para calentar una pizza?

Tengo que reconocer que me he equivocado. Mi radar ha fallado. No voy a decir estrepitosamente. No de momento. Acabo de saber que el nuevo tiene un hijo con una mujer, aunque eso no quiera decir mucho. Lo triste del caso es que no parece muy afectado (siendo generosa al describirlo) por no vivir en la misma ciudad que él y apenas verlo. Eso me dice mucho de él como persona. No sé por qué me siento tan triste por ese niño que no conozco, no entiendo por qué al oírselo decir se me puso una cosa en el estómago.

Hombre joven en monopatín. Niño en patinete.
Father and son, de Guilherme Nicholas
Por otro lado, empezó a contarle a Sandra (yo escuchando por el rabillo de la oreja, justo por esa pequeña rendija que queda entre el auricular y el pabellón auditivo) que el sábado fue a verlo y que como no tenían juguetes en el hotel construyeron un paracaidista con un muñeco de McDonalds y una bolsa de basura. El tipo se dedica al diseño, es creativo, al menos sabe solucionar ese problema infantil de la falta de juguetes. Estaba casi a punto de olvidar su desinterés cuando su historia dejó a su hijo de lado y se centró en él y en el muñequito molón, en lo guay que había quedado, en el éxito que había tenido entre los niños del parque. Su monólogo se centraba en él. En mi texto falta su tono, que lo es todo. Puedo decir “qué guapa” y el que me escucha sabe por el tono si lo digo con sinceridad, ironía, envidia, tristeza o varias de ellas mezcladas en un acorde. Eso falta y es vital.

viernes, 30 de septiembre de 2016

La quinta semana

Quinta semana de trabajo. Me ha costado un mundo encontrar algo sobre lo que escribir. Al tema de la entrada anterior le di muchas vueltas, pero era algo de mi vida privada. Hasta que Sandra no me enseñó las fotos de su fiesta de cumpleaños, no tenía ningún elemento para relacionarlo con la ofi y publicarlo. Y de pronto, los acontecimientos se acumulan.

bailarín de discoteca en una jaula
Man in the machine, de torbakhopper
Primero Violeta, la secretaria del super jefe, nos envía un email invitación para su despedida de soltera. Unas cañas al salir de trabajar un viernes. Pues yo, si no es despiporre y con unos tíos en bolas, paso. Mi clase de Pilates no la cancelo nada más que por urgencias. Sí, un tío en bolas es una emergencia. Sé que es un topicazo, pero a mí no me espera un maromo en casa con la cena hecha y llevando solo un delantal [Shhh, esto es secreto: a ellas tampoco]. Lo curioso de esta invitación es que apenas la conozco. Le ayudé un poco cuando llegó, y nos hemos tomado… ¿cuatro cafés en año y medio? Con Ana solo ha tomado dos y también la ha invitado.  Debo de ser huraña. Si me casara, no haría despedida de soltera en el trabajo, pero en caso de hacerla, no la invitaría porque no tengo ninguna confianza con ella. Quedamos esta mañana para un café sustituto de las cañas. Afortunadamente tanto ella como Sandra tenían que entregarle un trabajo a mi jefa así que fue corto a la fuerza. Lo agradecí. Sólo le dio tiempo a enseñarnos el vestido y poco más. Nada que me interese. En cambio Sandra y Ana hablaron más tarde por teléfono y la despellejaron al estilo Bolton. ¡Uf!

viernes, 16 de septiembre de 2016

Reflexiones: el machismo que no se ve

Hace unas semanas leí en algún sitio en la red que al parecer se montó un revuelo tremendo porque el hijo de Charlize Theron se disfrazó con una peluca de Elsa, la princesa de Frozen. Podría decir que me da igual de qué se vista ese niño, en cierto modo es así, pero por otro lado me hago la pregunta ¿por qué no puede vestirse de Elsa? ¿Tan aberrante es que un niño se disfrace de niña cuando es absolutamente normal que una niña se disfrace de niño? Yo me disfracé de princesa un año, pero también de payaso, y de chino, y de gran inquisidor. En este último no me hace falta remarcar el masculino en negrita porque nunca hubo una gran inquisidora.
Niños. Niño tocando el acordeón. Niña posando de rodillas
Untitled, de Giuseppe Milo

Hace poco más de una semana quedé con una amiga escritora. Las dos estamos peleando por terminar un guion de largo. Le pasé una de las obras que estoy escribiendo y me señaló un par de diálogos que le parecían sexistas. Mientras los escribía me daba cuenta de que lo eran, pero cuando escribo la primera versión no pongo filtros de ningún tipo. Tampoco sería extraño que ese carácter sexista pasara inadvertido. Es algo escondido en un nivel mucho más profundo de mi yo consciente, algo que mamamos desde que somos pequeños, que nos rodea. Aunque cuando se forma nuestra personalidad adulta podemos rebelarnos contra la herencia social, sale en ocasiones como esa, y sale porque está ahí aunque no lo veamos.

viernes, 29 de julio de 2016

A vueltas con el destino

Yamam y yo empezamos a trabajar aquí el mismo día, los dos en el mismo edificio, yo en el primer piso, él en el segundo. Cuando me crucé con él la primera vez le dije hola y él me contestó hello y esa descoordinación idiomática, marcaría nuestra no-relación el tiempo que estuvo en España. Durante nuestros primeros cinco meses, cuando nos encontrábamos fugazmente en la fotocopiadora o las escaleras, lo único que salía de nuestras bocas era mi hola y su hello. Entonces, por sorpresa, en una fiesta que organizaron como babyshower para mi jefa, se acercó a mí con una sonrisa encantadora, luchando contra su timidez, y ¡quién lo iba a decir!, empezó a flirtear conmigo. En ese momento no sabía dónde meterme. Tener que hablar en inglés con un hombre encantador era demasiado para mí, eso sin saber que su intención era ligar. Ya he comentado en otra ocasión que como no suenen sirenas, no me entero de las proposiciones (in)decentes. No sé si fue su sonrisa, su timidez o que al día siguiente una amiga me expuso con claridad la realidad del asunto, pero empecé a sentir algo por él.

I once had a thousand desires. But in my one desire to know YOU all else melted away
Aquella época no fue la mejor para mí en lo personal. Tenía una especie de acosador que me amargó la vida durante tres años, hasta que dejé el grupo que ambos frecuentábamos. Mi autoestima estaba minada, mi confianza en los demás más minada todavía. No quería ni podía estar con nadie porque era imposible para mí creer que alguien que estuviera conmigo me fuera a tratar bien. Así que, aunque Yamam hizo sus intentos, nunca consiguió la respuesta que deseaba. A mis problemas hay que añadir que el pobre seguía comunicándose en inglés, yo me bloqueaba, me tiraba infusiones ardientes por encima de lo nerviosa que me ponía y decía tonterías incompresibles que le hacían retirarse con el rabo entre las piernas. Como veis, la metedura de pata con el italiano buenorro no fue la primera cagada.

viernes, 22 de julio de 2016

Una jaqueca y un moratón

Reloj de agujas, ocho treinta y dos
EightThirtyTwo, de Corey Ramsey
La estación está prácticamente vacía cuando llego. Adelanto a dos mujeres en las escaleras, madre e hija. Cuando suben al andén se pegan a mí y no me gusta. Todo un andén para ellas excepto el metro cuadrado que ocupo yo y se colocan a mi lado. Creo que tenemos un problema, quizás falta de abrazos o quizás se cumple, no solo en desconocidos, la teoría de los veintitrés segundos de la que Claudia Piñeiro habla en Una suerte pequeña. Entre estas dos el silencio crea una barrera de tensión que puedo palpar sin conocerlas. Poco a poco esa tensión me toca, me incomoda incluso cuando empiezan a hablar de tonterías después de veintitrés segundos. Me aparto. ¡Ay! El canto del banco metálico me levanta la piel de la rodilla.

viernes, 15 de julio de 2016

El hombre murciélago

Dos hombres sentados en un banco
Are you sitting comfortably?, de Mister G.C.
Entra en el vagón, larguirucho, delgado, con calva estancada, estancado también su aspecto de cincuentón desde hace ocho años. Mira a izquierda y derecha, escudriña buscando el sitio perfecto, duda, avanza y retrocede sobre sus pasos. Hoy localiza ese sitio a mi lado. Se abalanza sobre él.  No voy a negar que me incomoda. Se ve que es raro por su lenguaje corporal: postura encogida, casi encorvada, andar rápido y tenso, ropa de otra época de colores apagados, colores de película vieja, y en los pies siempre zapatillas de deporte de las que hacen el pie más grande, invariablemente de color negro. Es una de esas personas que despiertan lástima, pero es raro y eso me trae recuerdos que quiero olvidar. No lo miro, así que no sabe qué pienso de él. 

lunes, 4 de julio de 2016

Juego de celos

Bitches love tricks. Ilustración de Cersei Lannister con fuego valirio en la mano y Melisandre (la mujer roja) con el demonio que parió
They love tricks~ Cersei & Melisandre, de Giovana Milanezi
Ha terminado la sexta temporada de Juego de tronos y siento que me he quedado huérfana. Espero retomar pronto Mr. Robot, pero después de una semana desde el final todavía… cómo decirlo para no dar pistas, todavía estoy saboreando el picante explosivo del cóctel servido por Cersei. La serie ha sido el centro de la mayoría de las conversaciones en los ratos de descanso con Esther y Grace. Durante diez semanas hemos reído, sufrido, teorizado, vapuleado o admirado teorías ajenas y hemos deseado ser tan buenas anfitrionas como Cersei en este capítulo, aunque sea nada más en sueños. Casi nadie más de mi entorno ve la serie. Nunca he sido de las que braseo a los profanos en un tema, así que en el neozulo no hablo nunca de esto con Sandra. Sin embargo, Ana también la sigue. Es muy sencillo atar cabos y darse cuenta de que Sandra, una vez más, está atacada por los celos.

Escribí sobre los celos de Sandra en uno de mis primeros posts. En aquel momento estaba loquita por Mr Lolas y me veía como una amenaza. Incoherencias propias del ser humano las que la hacían sentirse amenazada por mi presencia entre ella y “su” hombre, al mismo tiempo que me despreciaba por no tener tipo de top model y me consideraba indigna de tener pareja por sufrir sobrepeso (a mí y a todos los gordos, no penséis que era nada personal). Una vez más pequé de inocente y pensé que sin un machote en la sala no habría problema. No recordé que los celosos no solo tienen ese sentimiento horrible por el objeto de sus desvelos, también lo tienen por sus padres, sus hijos, sus amigos o, simplemente, porque no son el centro de atención de una situación cualquiera.

lunes, 27 de junio de 2016

Viernes de resaca

Primera hora del viernes. No es dolor exactamente lo que siento en la cabeza, es algo parecido a una presión. No llega al nivel de una resaca, es como la sensación que me produce una noche de insomnio, pero sé que es el exceso de alcohol el que la causa. Tampoco imaginéis que bebí tantísimo (no pongo cantidad porque más de uno se reiría de mí, echadle imaginación).

Alcohol + fuego = combustión

Copa ardiendo
A glass of fire, de Hugo Martins
Da igual que solo sean una gota y una chispa las que se unan.

viernes, 17 de junio de 2016

Volvemos a ser tres

Tres velas rojas, una vela gris
Three prayers bruning, de Wayne S. Grazio
La última semana ha estado plagada de acontecimientos. El principal es que tenemos compañera nueva en el neozulo. Me enteré el viernes pasado pero no sabía fijo si la iban a poner aquí o abajo con Grace. Como soy tonta avisé a Sandra para que se fuera mentalizando de que podríamos tener compañía. Si hubiera sabido lo que pasó después, no le habría dicho ni mu.

Cuando llegué el lunes no había rastro de Celia, la nueva. Simplemente pensé que habría retrasado su incorporación. No tardé en enterarme de que ya había empezado. Fui a buscar unos documentos al despacho de Grace y me confirmó que estaría con nosotras, solo que no tenía ordenador y estaba trabajando con sus jefas. Mientras estábamos cuchicheando apareció Celia y  me la presentó. Parece maja, pero tendré que esperar a que pasen unos meses de convivencia y coja confianza para saber si es buena compañera (y buena compañía) o no.

Nada más salir por la puerta hizo aparición mi jefa. Peleó mucho para que no pusieran a nadie más aquí, me lo dijo como disculpándose. Lo que no sabe es que yo estoy encantada, a ver si de una vez Sandra se corta un poco y deja de montar espectáculos. De paso que nos encontrábamos aprovechó para contarme que había un problema con la base de datos con la que estamos trabajando. Mi mente se ofuscó. Subí corriendo y me puse a repasar como una loca a ver si en mi parte también había fallos. Esto es lo que pasa cuando alguien no tiene seguridad en sí misma: si otros se equivocan piensa que también lo ha hecho mal. Terrible pero cierto.

martes, 7 de junio de 2016

Sesión corta

Tengo hora y media para comer. Hasta hace poco más de un año tenía dos horas. A veces siento que no me llega para nada, así que apenas planeo actividades. El paseo sigue siendo obligado, ¿qué hago con la media hora restante? Mi actividad preferida, que además puedo simultanear con la comida, es ver pelis y series. Aquí he visto Madmen, Making a murderer, American crime story, la primera temporada de True detective, Mr. Robot (ésta aún está a medias, no me engancha del todo). He visto capítulos sueltos de muchas otras: Falling skies, Broadchurch, Homeland, Downton Abbey, el único capítulo que vi de La cúpula… Faltan, son muchos años. Y tengo asignaturas pendientes. De las pelis mejor ni hablo porque he visto demasiadas como para recordarlas todas.

Hoy me dio el punto por los cortos y se me ha pasado el tiempo viendo uno tras otro de manera compulsiva. La mesa me llevó a la parada del bus, y el bus, de larga distancia, me llevó lejísimos, tanto que casi acabé con una sesión breve de porno. Me contuve porque estoy en la ofi. Vi intentos de violaciones, viajes en tren muy muy extraños e inquietantes, robos de almas, tratamientos en clínicas de adelgazamiento... Al post traigo una selección de tres, la sesión completa aquí.

La mesa 7

Una pareja con problemas discute sin imaginar que los están escuchando muy muy atentamente. ¿Irá de espías? ¿De mafias? Tendrás que ver el final.


Love recipe

Al final le falta algo, pero es tan tierno. Y a mí siempre me gustan las historias de gordas exitosas.



Bus stop

Una chica coge el bus todos los días a la misma hora y, de pronto, se encuentra con que alguien le ha arrebatado el sitio donde lee: un miserable vagabundo (muy buenorro, por cierto). Este me ha llegado especialmente [a partir de aquí algo de SPOILER], primero porque sé que en el transporte público a veces te encuentras regalos inesperados, segundo, porque soy la reina de las oportunidades perdidas.


viernes, 3 de junio de 2016

Diario de un "Ascenso" (6): vuelta a las andadas

Jueves 2 de junio de 2016

11:30h

Suena el teléfono. Está en una esquina de la mesa, la pantalla tapada por la cpu en vertical, así que cojo ignorando quién llama. Un diga sale despreocupadamente de mi boca. Error. Es ella. Abrí la puerta el otro día y no ha dudado en cruzarla, lo que me extraña es que haya tardado tanto. No he sido sincera. No he mentido pero sí he ocultado información. Cuando mellamó el otro día, me dio tantísima pena que me ofrecí a traerle jabón casero. ¡MEC! Sí, lo sé, fue un error que ya estoy pagando. Cuando se lo llevé (sí, encima se lo llevé, alimentando aún más su fantasía de pulgas en la moqueta) tenía para mí una trampa para hormigas, para combatir a las que entran cada año en mi casa. No, no. No es que yo no sepa comprar exterminadores de hormigas, es que su trampa es muchíiiiiisimo mejor que cualquier otra que pueda comprar. Salí de allí con una mezcla entre cabreo y pena que me gustaría no sentir más, sobre todo lo relativo a la pena.

Vuelvo a la realidad tras los recuerdos. Me cuenta que hay una conjura contra ella en la empresa. Es la única secretaria a la que no le cancelan las guardias. Es cierto, en parte, pero es lo que pasa si te metes con la persona que organiza los turnos. No solo me llevó a mí al borde de la locura y, cuando vences a personas que son superiores a ti en la empresa pero no mueren, puedes tener por seguro que habrá consecuencias. La clave de esto es que ellas (la jefa de las guardias y su secretaria) la están martirizando, pero cuando la Rotten las machacó era por una buena causa porque ella es perfecta y no comete pecados.

Voy a desconectar un rato.

lunes, 23 de mayo de 2016

Necesidad de hablar

Shup up
Yes please, de Allert Aalders
Hay clase en el aula del edificio. He mencionado varias veces esta aula pero nunca la he descrito. Es un anexo prefabricado que siempre he imaginado que fue añadido por mi empresa. No pega ni con cola con el edificio, pero los dos son bonitos. El aula tiene paredes exteriores transparentes y el edificio es un chalet típico de Madrid con una parravirgen que en verano cubre de hojas gran parte de la fachada. El aula puede dividirse en dos gracias a un panel movible, tiene acceso directo desde el exterior y también una puerta interior que la comunica con el edificio. El movimiento se produce la mayoría de las veces por las actividades que se organizan en el aula y/o en el patio y no por los que trabajamos aquí. Hoy es la excepción, ni se les ve ni se les oye. No sabemos exactamente de qué es la clase, pero mis compañeras me han dicho que los asistentes no pueden hablar. Imaginamos que es algo relacionado con la meditación. Los van a poner a prueba llevándolos a comer a un restaurante. Repito que no pueden hablar. No, tampoco en el restaurante. Silencio durante ocho horas en las que se acumularán cientos de emails en su bandeja de entrada. Los contestarán mañana mientras estén con sus hijos en el zoo.

viernes, 13 de mayo de 2016

Embarrados y negacionistas: el derecho a estar triste y feliz solo para ellos

Grief, Sculpture Girl Chemistry
Girl and grief, de x1klima
Hace un tiempo, Rita defendía en su post Consejos vendo y para mí también tengo el derecho a ser feliz y que no te miren mal. Porque es verdad, molesta ver felices a los demás. Ay, las envidias y los celos (y probablemente algún que otro desorden) cuánto daño hacen. Sin embargo, también molesta lo contrario y no por empatía precisamente. Si la persona que ve la tristeza está viviendo un momento de su vida extraordinario, ya ni cuento cuánto le jode. Casi casi me ha salido un trabalenguas. Mi conclusión, la misma que para otras muchas situaciones: nos molesta todo. ¿Acaso cuesta tanto compartir la felicidad ajena y ser empáticos con el que está pasándolo mal? Este blog no recibe muchas visitas, pero igual algún avispado se le ocurre pensar que por qué vengo ahora con estas historias si hace poco escribía sobre lo molesto que es aguantar los llantos en los zulos y neozulos. Pues sí, esos llantos son molestos porque son un exceso fingido. Y también es molesto el egoísmo que esconden esas lágrimas, pero no voy a adelantarme.

A veces suceden cosas tristes en nuestra vida. Mi opinión es que debemos pasar el duelo para resurgir de nuestras cenizas porque podemos superarlo casi todo y si no podemos, tendríamos que hacérnoslo mirar. Dejando a un lado la gente a la que le encanta regodearse en sus miserias como si fueran cerdos retozando en el barro… vaya, he perdido el hilo, pero me gusta la parte del cerdo así que voy a seguir. El resumen es que podemos y debemos estar tristes si lo necesitamos, sin que se convierta en un problema. No obstante, el mundo es tan amplio y tan variado que no solo tenemos a los embarrados, también a los negacionistas, aquellos que se niegan a pasar por ese periodo de tristeza. A menudo, estos negacionistas adoptan una actitud completamente opuesta: parecer los más felices del universo, como si se hubieran tomado unas pastillitas mágicas. Un modelo casi perfecto de esto es Bree, de Mujeres desesperadas. No hay que airear los trapos sucios, no tenemos que contarle nuestros problemas a cualquiera ni pagar con los demás nuestra mala leche, pero ¿por qué fingir? Supongo que, en su locura, piensan que exagerando van a tapar más, aunque en realidad están tirando tanto de un lado de la manta que se están quedando con el culo al aire. No sé si es porque habitualmente estoy más rodeada de mujeres que de hombres, pero no he conocido negacionistas masculinos. Históricamente, a los hombres les han obligado a ocultar sus emociones cual reina de Inglaterra, quizás sea por eso.

Por supuesto, este tema sale porque tengo a una gran negacionista sentada ahora mismo a mi lado. Es tan tan exagerada que se le ve el plumero a la primera. Ahora lo hace un poco menos, pasamos todo el día juntas (antes estábamos en edificios distintos, ay, benditos días de distancia) y a veces me usa para desahogarse, así que el paripé de cohetes artificiales para demostrar su felicidad no tiene mucho sentido si me acaba de contar que está a punto del divorcio y se ha pasado la mañana llorando. Pero la veo montar el número con los demás. En cualquier caso el problema aquí no es su actitud con ella misma. Por mí puede explotar de fingimiento al estilo de… uy, casi se me escapa un spoiler, al estilo de cierta novela de una escritora mexicana (aunque en aquella historia la felicidad era real). El problema es que no acepta mi tristeza, convirtiéndose así en una embarrada que tiene el derecho a inundar el neozulo de agua y sal, pero que no admite que le quiten la exclusividad de sentirse mal. No quiere verme triste, la incordio con mi actitud. El motivo: el que adelantaba en el primer párrafo. Soy una nube que le tapa el sol, aunque su sol claramente es una bombilla. Cuando llega por la mañana y solo le doy los buenos días pero no conversación (porque estoy tan triste y hundida que apenas puedo levantarme de la cama), se lo toma como algo personal, como si estuviera enfadada con ella y entonces es ella quien se enfada conmigo y deja de hablarme. Eso sí, visto lo visto en los últimos tiempos, ojalá ese silencio suyo tan caprichoso fuera para siempre.


martes, 19 de abril de 2016

Diario de Sandra (2): el ascensor

Lunes 18 de abril de 2016

15:37h

La mañana ha sido tranquila. Sandra estuvo seria, sin hablar nada. La única vez que lo intentó quería pagar conmigo sus problemas y eso sí que no. No sé qué cara debí de ponerle porque cerró el pico hasta ahora. Fui yo la que rompí el silencio, en el fondo me da pena y sabía que la historia que iba contarle la iba a hacer reír un poco porque nada más abrir la puerta vi que había estado llorando en mi ausencia.

La historia es que el ascensor está estropeado, el noveno motivo para subir por las escaleras. Lo gracioso no es eso sino que la semana pasada Pura, la vieja de la limpieza, se quedó encerrada una hora nada más llegar al edificio, sobre las siete y media de la mañana. Ais, qué pena que nuestro ascensor no sea como la cabina. A ella le hizo aun más gracia saber que Mari Pili también sufrió encierro hoy. Y una hora más tarde, tres estudiantes, aunque como eran desconocidos no nos hizo gracia a ninguna de las dos. Lo han clausurado. Me imagino nuestras escaleras como las de The Big Ban Theory, solo que con gente menos interesante y mucho más sosa.

lunes, 18 de abril de 2016

Diario de Sandra (1): viernes de lágrimas


Viernes 15 de abril de 2016

9:45h

Estoy hablando por teléfono con mi padre. El pobre siempre me llama nada más llegar a la oficina para cerciorarse de que he llegado entera y, sobre todo, de que el tridente esté sin rasguños y pegado a mi mesa, por si las moscas cojoneras. Entra Sandra. Como estoy a punto de despedirme de él no salgo para hablar. Sandra deja sus cosas y se va con el teléfono en la mano.

10.10h

Vuelve llorando. Si es que son tan predecibles, las pobres. Siempre las mismas pautas de actuación. Sabía que lo del miércoles era solo el principio. Como ya no estoy hablando, y debe de pensar que no tengo nada que hacer, me empieza a dar la brasa con un marrón que le ha encasquetado nuestra jefa. No habría problema si no me consultara sobre qué debería haber hecho: darle un corte a nuestra jefa o no. ¡Lo que me faltaba! Esta tía tiene un problema y gordo. Si eres borde con tu jefa, atente a las consecuencias, pero no impliques a nadie. Que encima será capaz de decirle después de meter la pata me lo dijo Dorotea, con voz de zorrita.

viernes, 15 de abril de 2016

Llorar en la oficina: las mejores actuaciones estelares

Ay, madre, que han vuelto los viejos tiempos. No sé si es que esta silla es mágica o tiene implantada tecnología futurista pero me parece que he viajado en el tiempo y las antiguas situaciones culebrónicas han desembarcado en el neozulo. Como decía una de las viejitas de mi familia: “Cogí miedo, cuca”.

Dibujo de mujer llorando
Easily Offended, Overly Sensitive, de lookcatalog.
Ilustración de Daniella Urdinlaiz
La semana pasada leí un artículo sobre Qué hacer cuando tu compañera* empieza a llorar. Nada más ver el título pensé que aquello iba conmigo porque una gran parte de mis compañeras de zulo han llorado. La primera fue Ofelia. Hablaba como una cotorra por teléfono (la principal marca de la casa), pero curiosamente salió para atender LA llamada. No sé qué le dijeron que empezó a llorar como una fuente. ¡Pobres árboles del patio! Era demasiado para ellos verla en ese estado, así que entró corriendo envuelta en mocos y lágrimas para seguir con el espectáculo a mi lado. Preocupada, hice lo que el artículo dice que no se debe hacer: preguntar. El corte que me metió me dejó desangrada en la moqueta: “son asuntos de familia”. Inmediatamente llegó Mari Pili corriendo lo que sus zancos le permitieron y casi sin respirar le preguntó lo mismo. Como premio al esfuerzo recibió un dulce “Nada Mari, no es nada, no te preocupes”. Esa segunda respuesta me dijo mucho más que la primera, así que cuando repitió numerito unas semanas después no recibió el aplauso que en realidad quería. Para conseguirlo, ¿qué hizo? Sorber muy muy fuerte por la nariz, tanto, que nos quedamos sin polvo en la moqueta. A pesar del desagradable ruido, me mantuve en mis trece y ni una mirada, ni una. Eso se repitió una tercera vez. Mi nivel de paciencia estaba a nivel del núcleo terrestre (no sólo por los llantos) y la volví a ignorar. Es más, si mi actitud la disgustaba, mejor.

martes, 5 de abril de 2016

Sueño: dos novios para un diablillo


Martes 5 de abril de 2016. Noche.

Novia hinchando un globo. Grafiti Love is key
Love is key de cosmo_71
Anoche tuve un sueño rarísimo y larguísimo, incluso seguí soñando después de sonar el despertador, en ese estado entre la vigilia y el sueño. Lo traigo porque está implicado un compañero de trabajo. Hace un rato me di cuenta de que el hilo conductor, la boda, vino a mi mente por el post de S. que leí ayer. El resto de elementos catastróficos y dramáticos no tengo ni idea de dónde han salido. 

Es el día de mi boda. Me voy a casar con Álvaro, el compañero de curro del que hablé antes. Guapo, no muy alto, encantador. Lo conocí hace como un año aunque lleva aquí tanto como yo. Nos habremos visto ¿tres veces?, ¿cuatro? Sin embargo, desde hace una temporadita, nos cruzamos casi todos los días en el camino de ida o en el de regreso y siempre, siempre, en el mismo punto de encuentro. Un poco raro todo. Hasta me da vergüenza. En la distancia, sin palabras, las miradas son las dueñas absolutas y han establecido un juego que me pone nerviosa.

lunes, 4 de abril de 2016

Lo que me inspira la música (7): Espera bajo la lluvia

Espera en la esquina de siempre a que aparezca y pase sin verlo, caminando como si flotara en una nube sin importarle nada lo que sucede a ras de suelo. La lluvia lo empapa, hace tiempo que se coló por alguna rendija al interior de sus zapatos y está empezando a traspasar el abrigo, pero la espera vale la pena, quizás sea hoy el día en que a ella le llame la atención algo del mundo real y al fin se dé cuenta de que coinciden cada mañana. Le da igual tener esas pintas, empapado, el pelo aplastado contra la piel y temblando como si tuviera miedo. Miedo de ella.


En el interior de un coche parado en el semáforo suena Non lo dirò col labbro. No sabe cómo se titula, solo le suena la música de una peli que una de sus ex veía una y otra vez. Luz verde. El coche avanza dejando libre su campo de visión. Al fondo de la calle, después de la curva, aparece la figura envuelta en un abrigo rojo, mirando a un mundo que solo existe en su mente. Se agacha para observar algo en el suelo. Él no alcanza a ver que son las primeras amapolas de la temporada, los pétalos empapados y aplastados unos contra otros, encorvadas por la lluvia, temblando por el viento, como si le tuvieran miedo al frío inesperado. La chica del abrigo rojo, ella, las toca con dulzura. Avanza un paso y se para de nuevo. Saca su móvil del bolsillo y les hace una foto a las delicadas flores que, sin estar en su mejor momento, anuncian ya la llegada de la primavera.

viernes, 18 de marzo de 2016

Dos días

Dos días para las vacaciones. No tengo mucho lío y me aburro un poco, pero tampoco soy capaz de terminar el libro que empecé para leer en el rato de descanso. Muerte en Venecia, un tostón, con todos mis respetos al señor Mann. He de reconocer que tiene un par de párrafos que hacen que leerlo merezca la pena aunque el resto sea infumable. Uno de ellos está ahora pegado a mi cpu. No me hace falta leerlo, simplemente lo miro, sé lo que dice, me recuerda que no debo cometer el mismo error dos veces. Y no, por dios, no se trata de enamorarme de un niño, eso es asunto del señor Aschenbach. Lo mío es tan fácil de resolver como actuar en lugar de no hacer nada.

Chica dentro de una maleta. Hada brillante
Llévame lejos... usa tu magia..., de Tonymadrid Photography
Dos días. He cogido una nueva costumbre: hacer algo de relajación (meditación me queda demasiado grande) a media tarde. Pero Sandra también ha cogido una nueva costumbre: quedarse después de su hora. Y son incompatibles. Qué curioso, ¿no? Que tenga que quedarse pero por las mañanas no pare de darme el coñazo. Esa es una vieja costumbre que ha recuperado. Como Ana ya no está en el mismo despacho que nosotras, me utiliza de amiga, de paño de lágrimas, de terapeuta, de consejera. Espero que no me pregunte si tiene que ir al baño o no porque lo va a pasar muy mal. ¡Por fin se va! Ah, no, está haciendo el tiempo… qué triste no querer salir del trabajo porque tu destino es una mierda de familia.

martes, 8 de marzo de 2016

La lucha del día a día


Hoy es el Día Internacional de la Mujer. Nunca me ha gustado este día. Primero porque se hace referencia a él como Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Yo aún era estudiante cuando me preguntaba por qué las mujeres lo necesitamos si hay ya un día del trabajador/a. ¿Y qué pasa con las que no trabajan pero están en la lucha? Segundo, porque si es necesario que haya un día para la mujer es por algo y ese algo da auténtico asco. Lo siento, últimamente estoy un poco negativa y muchas cosas me dan asco. It’s beyond my control.
R.C. Beadle, A.H. Brown, and suffragettes
R.C. Beadle, A.H. Brown, and suffragettes
Lucho en mi día a día contra la discriminación que sufrimos. Lucho contra las diferencias generacionales con mis padres (¡y lo que luché con mis abuelos!); lucho contra algunas de mis compañeras de trabajo, que parece mentira que sean mujeres y madres en el siglo XXI; lucho día a día viniendo a trabajar como mujer joven contra algunos de mis compañeros hombres, viejos y jóvenes; lucho contra mi prima cuando dice que una tía es una puta porque grita cuando folla con su novio; lucho contra mi familia y sus prejuicios; en realidad lucho contra los prejuicios en general. Y a veces no lucho y simplemente vivo y hago lo que me da la real gana como un hombre y me da igual lo que digan. Pero no todos somos iguales, nuestras personalidades están teñidas de todos los colores imaginables. Por eso, por nuestra educación (con educación me refiero a nuestras influencias, a lo que aprendemos a lo largo de la vida, no sólo lo que nos enseñan en casa o en la escuela) y por factores externos, a veces, no somos capaces de luchar.

viernes, 26 de febrero de 2016

Ocho razones por las que merece la pena subir escaleras (y bajarlas)

Damas, caballeros, diablos de toda clase y condición: presten atención porque voy a tener la osadía de llevarle la contraria a un gran físico en mi siguiente post defendiendo que subir tres pisos de escaleras (y bajarlos) sí merece la pena. Y además voy a tener el morro de utilizar sus propias palabras en uno de mis argumentos.

Hace unos días que estoy leyendo Por amor a la física, de Walter Lewin. Sí, el mismo que me inspiró la sexta entrega de mis minicuentos. Este señor, doctor en física, fue profesor en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) y, al parecer, sus clases eran antológicas, televisadas, con unos índices de audiencia altísimos (al menos para estar orientados a minorías) y con un enlace propio en Wikipedia. Sus cursos abiertos online son de los más vistos, la gente le escribe en masa para consultarle dudas, mostrarle los resultados de sus experimentos y él responde a cada uno de ellos. Una auténtica estrella con supernova incluida (eso podéis investigarlo vosotros mismos, que me voy por las ramas).
mujer subiendo escaleras
I see 3 office ladies, de hyperspace328
En el capítulo 9 del libro, “Conservación de la energía. Plus ça change...” dice que la energía que gastamos (se refiere a una persona con una actividad física moderada o incluso baja) haciendo las tareas habituales es tan pequeña que podríamos ignorarla a la hora de equilibrar lo que comemos. Creo que se refiere a que para hacer la colada o pasar la aspiradora no nos hace falta meternos una hamburguesa entre pecho y espalda. Hasta aquí de acuerdo. Es en su demostración cuando empiezan las discordancias. Pone el ejemplo de los tres pisos, justo los que yo tengo ahora hasta mi oficina.

jueves, 18 de febrero de 2016

Lo que me inspira la música (6): Cuestión de física


Simplificando, el principio afirma que, para flujos de líquido y de gas, cuando aumenta la velocidad del flujo disminuye su presión.*

Mira el amanecer y sus pensamientos vuelan hacia las nubes grisáceas que empiezan a tapar el cielo. Imagina las alas del avión, subiendo y bajando los alerones. ¿Estará relacionado con el principio de Bernoulli?

  
There you’ll be le parece sosa. No sabe si porque no pega nada bien con el libro de Walter Lewin, porque aborrece la película o porque realmente no tiene gracia. Siempre la transportaba al verano del 2001, cuando su amiga Ana fue a ver Pearl Harbor. Estaba enamorada de un vampiro y se divertía mucho más cuando en sus cartas le contaba sus encuentros y desencuentros en el portal que cuando le hablaba sin parar de Ben Aflleck. La canción ya no significa nada y eso la sorprende. Aunque se acaben, casi todas las relaciones aportan algo. Está claro que la relación con Ana no le dejó nada, desapareció tan rápido como un avión del baúl de los recuerdos importantes. Quizás debería quitarla del ipod.
   




* Walter Lewin. Por amor a la física. Barcelona: Debolsillo, 2014, p. 93.

viernes, 12 de febrero de 2016

La guerra de las cien rosas

Hace un par de semanas Sandra y Mari Pili, la recepcionista de las mañanas, tuvieron un nuevo encontronazo. No se soportan. Tienen el mismo tipo de relación conflictiva que la vieja de la limpieza y yo. Llegó un paquete para Sandra y, como siempre, Mari Pili pasó de avisarla. Aprovechó que bajé a por agua para pasarme el recado. Sandra, ni corta ni perezosa, le soltó “¿Te sabes mi extensión, no?” cuando fue a recogerlo. La otra le replicó y Sandra le volvió a repetir la pregunta.

En ninguna guerra, al menos en las oficinescas, hay bandos neutrales. Aunque no quieras te ves salpicada igual que cuando hay tormenta y, si no tomas partido por un bando u otro da igual, ya se encargarán tus compañeras de incluirte en el bando que más les convenga dependiendo de si te quieren a favor o en contra (si no te incluyen, peor, porque van todas a por ti). En esta guerra Mari Pili me pone en el bando de Sandra porque compartimos agujero. Si soy sincera, creo que la razón la tiene Sandra y, aunque no voy a inmiscuirme ni loca, ellas se encargan de ponerme en medio.

jueves, 4 de febrero de 2016

Lo que me inspira la música (5): Ojos verdes

Mediodía. Sala de espera del salón de belleza. Vacía. De fondo, una emisora con música. Termina una canción ochentera a la que no ha prestado atención. El libro la tiene atrapada como un imán hasta que empieza a sonar I want to know what love is y rompe el maleficio.


La mirada perdida en la puerta de la calle que parecerse abrirse a los recuerdos más recientes: su primer encuentro cuando él le pidió un bolígrafo, el último cuando la besó después de proponerle una cita. Su primera cita en meses. ¿Por qué no ser sincera con una misma? La primera en un par de años. Y ahí está en ese salón, esperando a que le hagan la cera completa por si pasa algo. Tiembla, tiembla pensando en sus ojos verdes que un día la vieron brillar a través de la niebla.

viernes, 29 de enero de 2016

Tiempo de tormenta

sombra de hombre con paraguas de colores, gotas de lluvia en una ventana
Rain man, de Bjørn Giesenbauer
Es difícil encontrar tema sobre el que escribir. A veces tomo notas con ideas en un par de palabras, otras espero a que pase algo por la ofi para empezar a escribir, en la época de la Rotten y su circo de pulgas escribí algunas entradas en forma de diario, de hecho, las titulé Diario de un ascenso, juego de palabras con su nombre. No suelo conservar aquellas que escribo y no publico. Sólo reciclé una que transformé en cuento y ésta. La empecé el dieciséis de diciembre y estuve a punto de borrarla, no lo hice por una de esas casualidades que parecen mágicas y aquí estoy, sirviéndome de ella. Y es que la tormenta ha vuelto.

Sandra tiene un problemilla con su trabajo. La entiendo. Aunque no hacemos lo mismo, no nos dedicamos a nada entretenido, estimulante o enriquecedor. A veces tengo la sensación de estar en una especie de cadena de montaje oficinesca de la que es difícil salir. Por eso busco cosas para hacer fuera. Ella tiene a sus hijos, su vida fuera de aquí son ellos, pero ¿es suficiente eso para llenar a una persona?

martes, 19 de enero de 2016

Adiós, zulo

Hay una expresión en inglés que dice No news is good news. Suelo decir algo parecido en español cuando, en el trabajo, me preguntan por las novedades y no las hay. Si pasa algo suelen ser marrones, bajadas de sueldo, viejas de la limpieza que se extralimitan o encuentros en la cuarta o quinta fases con extraterrestres que nunca han salido de la Tierra. Para mi alter ego real es una porquería, para el blog es una maravilla porque se nutre de todo lo que sufro. A veces pasan cosas positivas y, de hecho, como excepción, voy a hablar de una ellas.

Redoble de tambores y un par de cañonazos, por favor:

¡ME CAMBIAN DE DESPACHO!

Fuegos artificiales de color azul
Blu, de Conan